Ruido y Ocio

Ruido y ocio, son dos palabras que vienen unidas especialmente en las noches de verano de nuestras ciudades. Hasta hace pocos años parece que el ruido ha sido el yugo irremediable de muchas zonas del centro de las ciudades y de zonas de ocio del litoral español. Sin embargo junto al paulatino aumento del turismo, del ocio y por consiguiente del ruido, ha venido el inconformismo de los vecinos residentes en estas zonas y con él las denuncias, los cierres y las multas.

¿Hay solución al ruido de ocio? ¿Qué se puede hacer? ¿Quién tiene más derechos; los residentes o los empresarios y trabajadores?

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EL PROBLEMA

España se ha destacado en los últimos como un destino de ocio en el que predomina el sol y playa como principal oferta. Ligado al sol y a la playa, está el ocio nocturno (y no solo nocturno) que propiciado por nuestro clima se desarrolla principalmente en la calle. La ley del tabaco tampoco ha ayudado en este sentido y ha provocado, si cabe, una mayor salida del ocio a nuestras calles.

Proliferan las terrazas y veladores llegan a cerrar el paso en las calles y aceras, los bares sacan la música e incluso las actuaciones en directo al exterior de sus locales, el botellón se apodera de zonas de las ciudades, el tardeo convierte el centro de las ciudades en discotecas… y esto parece no tener freno.

El ruido del interior de los locales y la transmisión de ruido a colindancias en rara ocasión son ya un problema, debido a que está muy bien acotado en la mayoría de ordenanzas municipales y los empresarios cumplen con los aislamientos acústicos requeridos y la instalación de limitadores.

El problema es el ruido en el exterior, del que los empresarios no son responsables de forma directa. Es el ayuntamiento (según Ley de ruido 37/2003) el que debe “prevenir, vigilar y reducir la contaminación acústica, para evitar y reducir los daños que de ésta pueden derivarse para la salud humana, los bienes o el medio ambiente”, y esto incluye al ruido de ocio.

El resultado: zonas completas de ciudades degradadas con una evidente reducción de su valor inmobiliario derivado de la difícil convivencia entre un uso de ocio descontrolado y su uso residencial por definición, en el que el descanso nocturno debería ser un derecho que se ve continuamente agredido. Los centros históricos y tradicionales de muchas ciudades se están convirtiendo en guetos del ocio, en detrimento de una ciudad que debería estar abierta para todos, pero en especial para sus residentes.

LAS DENUNCIAS

Los vecinos de estas zonas empiezan a organizarse para hacer valer sus derechos, y la ley está de su parte, aunque la administración no lo esté en muchas ocasiones.

En esta semana se ha conocido la ratificación por la audiencia provincial de Alicante de la sentencia de cierre de un local emblemático en Benidorm, Tiki Beach, por motivo de las molestias a los vecinos del inmueble en el que está instalado (ver noticia).

Además de la demanda que ha prosperado contra el local, existe una denuncia contra el propio Ayuntamiento de Benidorm por su inactividad y por dar licencia a un local con estas características (ver noticia).

Ya existen sentencias de este tipo contra ayuntamientos y ediles que no han actuado antes este tipo de problemas, a pesar de las numerosas denuncias y quejas vecinales. Es el caso de Castelldefels, donde el ayuntamiento ha sido condenado por “haber lesionado con su inactividad los derechos fundamentales” de los vecinos por el excesivo ruido de los chiringuitos de playa a instancias de una denuncia presentada por la Asociación de Vecinos del barrio del Baixador (ver noticia).

LA SOLUCIÓN

Los Ayuntamientos no pueden mirar hacia otro lado mientras el ocio descontrolado se apodera de los centros de las ciudades, obviando los derechos de los vecinos que allí residen, así como los derechos de otros usuarios no necesariamente residentes que demandan otra forma de diversión y uso del espacio público. La solución es técnica y urbanísticamente posible, y es obligación de los ayuntamientos abordar el problema para hacer confluir el derecho al descanso con la actividad económica y la propia idiosincrasia de nuestras ciudades en las que el bullicio y la actividad nocturna son algo inherente.

El primer paso para abordar un problema es realizar un adecuado diagnóstico. El Mapa de Ruido de Ocio es una herramienta con la que pocos ayuntamientos cuentan, pero debería ser indispensable en la mayoría de localidades. El ayuntamiento de Sant Antoni de Portmany (Ibiza) ha contratado a CECOR para la realización de un Mapa de Ruido de Ocio (ver noticia). Este mapa no se restringirá a la realización de una serie de mediciones de nivel de ruido en el periodo nocturno, sino que además utilizará un modelo de predicción acústica en el que se evalúa la molestia sobre la población para cada calle del municipio. Este Mapa predictivo permite la evaluación previa de las diferentes acciones a tomar sobre el ocio (cambio de horarios, restricción en el uso de terrazas y veladores, etc…), y su efecto sobre la afección acústica sobre el vecindario, antes de llevar a cabo dichas acciones. De esta forma las medidas correctoras a realizar tienen una base técnica y permiten actuar allí donde es prioritario, dejando libertad de acción en aquellos espacios en los que la molestia al vecindario es más reducida. Esto llevará a una ordenación del espacio público por usos y horarios, de forma que permita la convivencia entre vecinos y empresarios del ocio. Este modelo de predicción ya fue aplicado en la ciudad de Eivissa (Ibiza), que publicará los resultados en los próximos meses.

Son indispensables también las acciones de formación e información a la población. En Alicante la Asociación de Vecinos Laderas del Benacantil y Casco Antiguo, en colaboración con la Plataforma contra el Ruido de Alicante y otras asociaciones de vecinos de la ciudad están realizando numerosas acciones para activar y concienciar sobre este problema que se apodera de parte de la ciudad mediterránea. La moda del tardeo (ocio en el fin de semana en horas de la tarde, que se desarrolla principalmente en la calle) en Alicante y otras localidades a las que se ha exportado, está dividiendo a los vecinos y al Ayuntamiento, ya que lo que empezó por un ligero incremento de la actividad de ocio en principio de forma inocua, se ha convertido en avalanchas de personas que toman las calles hasta altas horas de la madrugada con una dudosa educación y respecto por el resto de conciudadanos.

Y es que posiblemente una de las piedras angulares del problema es la educación de los usuarios de la vía pública, que deberían ser conscientes de que comparten ese espacio con otros usuarios, muchos de los cuales están tras las ventanas de las viviendas que están sobre sus cabezas. Tan solo un comportamiento más respetuoso de los usuarios bajaría los niveles de ruido y el malestar de los afectados de forma ostensible, aunque tendrá que venir acompañado de una racionalización de horarios, usos de los espacios públicos y tipología de las actividades permitidas en cada zona.

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